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Las Chimeneas de Valdemorillo

Fuente:

Temas Geológico-Mineros, 31 (2000), pp. 239-247 ©Instituto Geológico Minero de España, ISBN: 84-7840-419-8

Industria cerámica madrileña: la fábrica de lozas de Valdemorillo L.F. Mazadiego y o. Puche E.T.S.

Ingenieros de Minas, Ríos Rosas 21, 28003 Madrid. E-mail: lmazadiego@dermos.upm.es;opuche@dinge.upm.es


 

Introducción


 

El presente elemento bien pudiera servir para ejemplarizar una correcta defensa del Patrimonio Industrial, al menos en lo concerniente a una parte del conjunto, en este caso, las chimeneas de los tres hornos cerámicos de la antigua fábrica de lozas, que han sido restauradas e integradas en el conjunto urbanístico.

Cualquiera que se aproxime a esta villa podrá contemplar esas grandes “chimeneas”, como suelen ser llamadas por los lugareños, al abrigo de la moderna Casa de Cultura del Ayuntamiento.

Además, el proyecto de inaugurar un Museo de Cerámica y los interesantes artículos y libros que han venido publicándose sobre el tema en los últimos años, subrayan aún más el interés mostrado por las autoridades de este pueblo.

El enfoque que se ha decidido dar al desarrollo de este elemento se apoya en lo recogido en dos publicaciones, ambas recientes, y que se complementan a la vez que ofrecen una exhaustiva panorámica histórica de la antigua fábrica de lozas.

Se trata de los libros “Valdemorillo y su actividad cerámica” (Giralt, 1995) Y “Las lozas de Valdemonllo (1845-1915)” (Sierra y Tuda, 1996), que proporcionan al lector una aproximación a los orígenes de esta actividad industrial, deteniéndose en las vicisitudes que sufrieron hasta su cierre definitivo.

Historia


Se piensa que siempre hubo actividad cerámica en los alrededores del río Aulencia, cerca de Valdemorillo, ya que se han descubierto restos de cerámica de la época visigótica.

Incluso, en el segundo tercio del ochocientos, habían funcionado varios alfares aprovechando las buenas arcillas de dicho río (Sierra y Tuda, 1996), y, acaso, continuando la tradición alfarera del vecino Galapagar, del que habla Pascual Madoz al afirmar que “hay una fábrica de loza fina, que está en decadencia” (Madoz, 1845-1850), quizá incapaz de hacer frente a la bonanza que empezaba a vivir Valdemorillo.

Fue de las tierras arcillosas de Galapagar de donde se extraía la materia prima utilizada para las producciones de la Real Fábrica del Buen Retiro y su heredera, la Real Fábrica de La Moncloa, que también recibió las de Valdemorillo.


 

Valdemorillo 1942

Fotografía de Archivo: VSG Valdemorillo 1942.jpg. http://mayores.uji.es/wiki/index.php?title=Archivo:VSG_Valdemorillo_1942.jpg


En 1818 se iniciaba la explotación de la denominada “Mina del Pantano “ bajo la dirección facultativa de D. Antonio Forni, para que, tres años después, exactamente el 9 de junio de 1821, D. Bartolomé Sureda, director de La Moncloa, recibía autorización real para convenir con el Ayuntamiento de Galapagar “sobre el medio más equitativo de asegurar las arcillas que se necesitan para dicha Real Fábrica ” (Sierra y Tuda, 1996).

Sin embargo, será a partir de la mitad del siglo XIX cuando alcance su mayor auge, momento identificado con la instalación de la Sociedad del Aulencia, que fabricaría unas de las lozas de mejor calidad en España.

Hay que recordar que “el término loza deriva del portugués lora, voz con la que designaron en el país vecino a la porcelana que traían sus navegantes desde China” (Giralt, 1995)

A mediados del siglo XVIII, ya se cita esta industria al decir que “(En Valdemorillo) hay una fábrica de loza de clase superior” (Madoz, 1845-1850).

Antes, en las ”Descripciones de Lorenzana” (1780), recopiladas en la revista “Anales del Instituto de Estudios Madrileños” (Jiménez de Gregorio, 1976), ya se expresa el carácter industrial de esta villa, al comentar que “se dan buenos hornos para cocer cal y abastecer a los Reales Sitios, y buena piedra de granito de la que se han hecho la fuente del pueblo y ha servido para construir San Francisco el Grande el Palacio de Bobadilla “.

La Sociedad de Aulencia puede considerarse heredera de la fábrica de cerámica de Alcora, fundada en el año 1727 por el Conde de Aranda. Fue éste un importante centro artesano, que contaba con los más relevantes especialistas, pero que, sin embargo, nunca llegó a contratar directores españoles, sino que recurría a personas de más allá de nuestras fronteras.

Esta circunstancia fue incluso recogida en unas Ordenanzas dictadas por Carlos III, en el año 1749, y en las que en uno de sus puntos puede leerse que “se prohíben todos los sobrenombres impuestos y aun cuando hubiese extranjeros, deberán llamarse por sus nombres, y apellidos, y no Francés, Holandés, Genovés, Alemán!” (Giralt, 1995)

Esta tendencia, muy propia de aquella época, no fue seguida, sin embargo, en Valdemorillo, cuyo primer director fue Juan Falcó Badenes, que accedió a tal cargo en el mismo momento de la creación de la empresa, en el año 1845, teniendo como socios a D. Pedro María Rubio y Martín de Santos y a D. Vicente González y González, el primero de los cuales, médico de amplia reputación, que había sido director de los baños de Archena y que desempeñaba el cargo de médico de cámara de la Regente, apoyó considerablemente a la Sociedad en los círculos más influyentes del momento.


http://corredordeencierros.blogspot.com.es/2009/01/valdemorillo.html

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La minería pasaba una mala etapa, aunque algo mejor que en décadas anteriores, como queda de manifiesto al leer un informe de Larruga: “En las actuales circunstancias los españoles no se interesan por las minas y ningún técnico extranjero vendría a explotarlas”, añadiendo que “los alemanes, con hacen cosas interesantes con tierras que nosotros ignoramos “.

Estos comentarios se referían al retraso tecnológico que vivía el país, así como al carácter excesivamente restrictivo de las leyes mineras, que obligaban a entregar al Estado la mitad de los beneficios producidos en la explotación.

De esta manera, pocos eran los accionistas que pugnaban por hacerse con concesiones, lo que influía, no sólo en la propia labor extractiva, sino en todas aquellas empresas que dependieran de las sustancias beneficiadas.

Será en 1833 cuando una Real Orden del 3 de agosto de ese año permite explotar criaderos en beneficio de sus descubridores.

A petición de ”Ferrer, Monfort JI Compañía”, fabricantes de loza de pedernal en Barcelona, se garantiza “la seguridad en el descubrimiento, posesión y beneficio de las arenas y piedras silíceas, las aluminosas, las arcillas plásticas y magnesianas y las tierras refractarias que tienen aplicación á la alfarma y fabricación de lozas de todas clases “, extendiéndose a estas sustancias los efectos de la Ley de Minas de 1825 (Giralt, 1995).

En principio, esta liberalización podría haber supuesto un acicate a las tareas de investigación, pero no es así, debido, sobre todo, como apuntó Mesoneros Romanos, a un alto grado de apatía entre la clase intelectual.

A modo de excepción, Falcó y sus socios se involucran, a través de la Sociedad del Aulencia en la adquisición de minas lindantes con Valdemorillo de donde extraer caolín, necesario para la fabricación de sus lozas.

La primera de estas explotaciones, a la que dieron en llamar “La Agujera “, constaba de un pozo de extracción y otro de servicios, que llegaban a una profundidad de 108 metros, y que contenía varias galerías por debajo del río Aulencia.

La extracción se llevaba a cabo por un malacate montado sobre la broca del pozo.

Esta mina fue la gran apuesta de la Sociedad, ya que se esperaban buenos resultados de su explotación, ya que contaba con una importante bolsada de halloisita muy favorable para su tratamiento (Prado, 1864).

En el mismo sentido se manifiesta Quiroga (1890), catedrático de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid, que definía a la halloisita “como un silicato de alúmina hidratado que se diferencia del caolín por su mayor coherencia, su textura pizarrosa y una comparativamente superior proporción de cuarzo yagua “.

Sin embargo, surgieron algunos problemas: vecinos de Valdemorillo afirmaban ser los verdaderos propietarios de la mina.

El pleito concluyó a favor de Falcó tras un acuerdo para comprar otras explotaciones mineras en el mismo Valdemorillo, Las Casas del Rey y Colmenarejo (Sierra y Tuda, 1996).

Más tarde se abrieron otras minas, como “La Cañada”, “SanJuan”, “Vétago”, “Terrero” y “Majuelo Pepino”, todas ellas de feldespato; ”El Canchar”y “Navarredonda”, de caolín.

De la mina de Navarredonda aún se ve lo que queda del lavadero de caolín, que consta de tres pilas de piedra, a distinto nivel, en las que se vertía el mineral mezclado con agua; una vez disuelto se dejaba reposar varias horas para su sedimentación.

A continuación se abría una compuerta que dejara pasar sólo la mitad superior del líquido al compartimento siguiente, mezclándolo de nuevo con agua limpia; se removía y se dejaba sedimentar otra vez.

Las arcillas que iban quedando se clasificaban y quedaban en reserva para la fabricación de piezas más rústicas.

lozas valdemorillo

1869 GRAN FUENTE LOZA INGLESA SIGLO XIX CERÁMICA STOKE ON TRENT INSPIRACION VALDEMORILLO FALCÓ. www.todocoleccion.net


Al principio, la Sociedad del Aulencia sufría el inconveniente de la situación geográfica de Valdemorillo, mucho peor comunicado que otros centros ceramistas como Sevilla, Gijón o Sargadelos, que se abrían al mar.

El transporte se realizaba por medio de carretas de bueyes o de caballerías.

Mandaron edificar la fábrica, muy sólida en su estructura, como aún hoy puede comprobarse en uno de los muros que han sobrevivido, de piedra berroqueña, procedente de la sierra:

“Constaba de tres grandes alas dispuestas en herradura y limitando, por tanto, una suerte de patio de operaciones en su centro que, al tiempo, constituía la única comunicación con el exterior”.

Una de las alas largas, de más de veinte metros y una sola planta, albergaba los procesos de preparación de las pastas y del yeso para los moldes, con un depósito de arcillas, otro de agua, un molino movido por caballerías para trituración de las tierras, un rulo para pulverización de las mismas, seis balsas de piedra para su lavado, mezcla y tamizado, un horno tendido para condensación de las pastas por medio del fuego, un depósito o gran tina para torneaduras y desperdicios de pasta y un horno de yeso.

El ala que se desplegaba enfrente, de las mismas dimensiones pero organizada en dos plantas, albergaba la totalidad de las labores referidas a la obtención de obra cruda, con una rueda inglesa, tres tornos de eje horizontal -igualmente ingleses-, nueve turnetas para platos, fuentes y otras piezas moldeadas, varias mesas de moldear y una prensa de hierro colado para el vaciado de asas y mascarones.

Finalmente, la tercera nace albergaba los procesos de fuego y decoración, con tres hornos del tipo de los perfeccionados por Tenable y Turncliff -uno para bizcocho, otro para cochuras y un tercero para barnices-, dos grandes estufas o muflas para el cocido de las decoraciones y otro horno para calcinar el cuarzo, amén de depósito de obra cruda, almacén de bizcocho, sala de baños, taller de pintura y, finalmente, almacén de loza fabricada.

A unos cuatro kilómetros de la fábrica, la empresa disponía también de un molino sobre el río Aulencia, dotado de doce piedras para la molienda del cuarzo, así como en la propia villa, de un gran cercado para almacén de leñas.


“Con tales medios, además de 115 toneladas de caolín, otro tanto de cuarzo, unos seiscientos kilogramos de feldespato, procedente todo ello de la propia localidad, y unas 2,3 toneladas de albayalde de Almería, la fábrica parece haber estado en condiciones de elaborar del orden de 33.000 docenas de piezas al año, de la llamada loza de pedernal, además de ladrillos refractarios, crisoles y retortas” (Sierra y Tuda, 1996)


Como antes se comentaba, uno de los principales inconvenientes de la fábrica de Valdemorillo era su ubicación, razón por la que decidieron impulsar sus ventas en lugares a los que difícilmente llegaban los productos de las empresas de la competencia, por ejemplo, Extremadura, La Alcarria, La Mancha y las dos Castillas.

Esta introducción en el mercado de las lozas se vería refrendado tras obtener una medalla de bronce en la Exposición de la Industria Española de 1850 y otra, también de bronce, en la Exposición Universal de París de 1855.

Los años siguientes supusieron la definitiva consolidación de la fábrica, que, en 1883, ya daba trabajo a casi doscientas personas, casi tres veces más que en sus orígenes, y que había seguido adquiriendo concesiones mineras, como la de la mina “Labranza de Canteras” (Sierra y Tuda, 1996).

La primera mina, “La Agujera”, había alcanzado los 83 metros de profundidad y producía unos 800 quintales al año”.


Asimismo, ampliaron sus instalaciones, haciéndose con una casa de un piso “cubierta a tejavana y colindante con la de Hurtado por valor de 5.500 reales” (AHPNM).

Este conjunto de mejoras permitió “la construcción de un horno más, casi seguro que para bizcocho, y de dos nuevas muflas, así como el establecimiento de ciertas reformas técnicas, tales como la ampliación de la capacidad de molienda, gracias a la aplicación del vapor a los molinos (por medio de una máquina de cilindro horizontal de veinte caballos de potencia y procedencia británica) y la mejora de los procedimientos de afinación y purificación de las tierras (mediante su lavado en un trommel, tras haber sido trabajadas por un cilindro de granito” (Falcó, 1882)

Afianzada su posición en el sector de la cerámica, deciden participar en la Exposición Nacional de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales de 1873, con un pabellón, que, según puede leerse en “Revista Minera” (1883) “va a llamar la atención del público”.

En su interior se mostraban las materias primas empleadas (muestras de caolín de Valdemorillo y San Martín de Montalbán, cuarzo y feldespato de Valdemorillo y albayalde de Madrid) y una selección de sus productos (1883).

Juan Falcó y Badenes falleció en 1883, sucediéndole su hijo Juan Falcó y Sancho, Ingeniero de Minas en la promoción de 1879, que llegó a presidir el Consejo de Minas.

Debido a sus otras ocupaciones laborales, le ayudarán en la dirección de la empresa la familia González, Bruno Zaldo, Cristóbal Mezquita París y Nicolás Orodea Varea.

Fue uno de estos colaboradores, Bruno Zaldo, propietario de una fábrica de loza en Vallecas, “que se vio sometida a una dura competencia Ijar parte de la que había aeado Falcó en Valdemorillo, así que, finalmente, en 1881, se produjo su cierre por fusión de ambas”. En 1887, la mina “La Agujera” empezó a acumular problemas cada vez más graves.

Las galerías se inundaban de agua durante la noche, razón por la que se hacía obligado desaguarlas al comienzo de cada jornada.

Además, los obreros reivindicaban una mejora en los caminos de acceso al interior, puesto que debían subir y bajar una escalera de más de 100 metros. Además, eran precisas nuevas inversiones (preparación de galerías e instalación de un malacate de cuatro tubos para desagüe), que desembocaron en una caída de la producción (Estadística Minera, 1884).

El incremento en los precios de abastecimiento de carbón, procedente de Puertollano, y una más agresiva competencia de las empresas rivales, se tradujeron en la reducción de los costes de fabricación y en diversificar las producciones (Estadística Minera, 1890).

Para acometer la primera decisión, Falcó y Sancho decidió mecanizar los procesos: “tras la molienda, ya mecanizada, una máquina mezcladora formaba el caldo, que atravesaba luego un canal con varios imanes a rada lado, a fin de separar las partículas de hierro en suspensión que podían afear el resultado final, para caer más tarde en una balsa; de ella era tomado de nuevo por una bomba aspirante que lo trasladaba hasta una prensa mecánica de dos docenas de compartimentos, en los cuales, y mediante otros tantos tamices de lienzo, era separada el agua de la pasta; mientras la primera pasaba a decantarse en un depósito, la segunda, en forma de salchichón continuo y empujada por un tornillo de Arquímedes que parece haber hecho al tiempo función de máquina sobadora, era distribuida a cada uno de los talleres de fabricación de la obra cruda.

Eran éstos uno de ruedas y otro de torno para piezas varias, que no parecen haber experimentado grandes cambios respecto de la organización anterior, y uno mecánico, nuevo, para piezas simples que, como los platos y fuentes, eran más susceptibles de ser estandarizadas.

De todos ellos, las piezas en curso pasaban al llamado taller de empaquetado, en donde eran cargadas en cajas refractarias, dentro de las cuales eran llevadas a alguno de los dos hornos de bizcocho.

Con la primera cochura, el bizcocho pasaba al taller de decoración, estampado y barnizado, y, luego, en su caso, al horno de baño, con una capacidad aproximada de doscientos metros cúbicos.

Otras fases que también parecen haber sufrido una mecanización significativa eran las de preparación de subproductos, tanto en lo que se refería a la fabricación de cajas refractarias (previa molienda del casco de loza mediante dos rulos de rueda vertical y un cilindro forrado de porcelana y relleno de bolas de pedernal) como a la de moldes (construidos a partir de yeso de Vallecas, que llegaba a la fábrica en bolas y debía ser trabajado con un rodillo), barniz ofrita (con dos molinos para el albayalde, importado del extranjero, y del feldespato ortosa de Galapagar) y colores (con cuatro molinos pequeños, especialmente para el muy usado óxido de cobalto).

Si a esto se añaden los secadores, calentados por caloríferos, el almacén general de productos y los servicios auxiliares -de mantenimiento, como la fragua o el de carpinteria, o de oficina-, estamos en condiciones de representarnos la totalidad de la fábrica y de los procesos que albergaba” (Sierra y Tuda, 1996)

En 1893, se observaba “una tendencia marcadísima a sustituir paulatinamente la fabricación de vajillas por la de distintas especialidades, entre las cuales podemos citar los artículos para farmacia, los tiradores para puertas, los morteros de pasta de porcelana, los féretros para niños y muy recientemente, el material para instalaciones eléctricas, que está llamado a adquirir verdadera importancia”, estos últimos destinados sobre todo a la “Compañía Madrileña de Electricidad” o a la fábrica de acumuladores “Tudor” (Revista Minera, 1896).

El año 1907 llega con un nuevo reconocimiento a la empresa: el premio de mérito de la Exposición de Industrias Madrileñas (Sierra y Tuda, 1996) y con una acentuada predisposición de Falcó a abandonar el negocio, quizá por sus ocupaciones en el Consejo de Minería o en la Jefatura de Minas de Madrid, que, al fin, se hace realidad con el cierre en 1914.

En 1915, Juan Giralt Laporta compró la fábrica de Falcó. De esta manera, la actividad industrial volvió a Valdemorillo, acentuándose la fabricación de vidrio.

Se construyen dos hornos más, del mismo modelo del ya existente, y la producción cerámica se centra en la porcelana dura para uso de laboratorio y aisladores eléctricos.

La fábrica sufrió un colapso en 1936. El alcalde de El Escorial hacía meter en vía muerta los vagones de Giralt Laporta prohibiendo su carga y descarga, porque “el personal no estaba sindicado”.

Fueron inútiles todos los argumentos, y como tanto el combustible como los minerales llegaban por ferrocarril, todo se iba lentamente inmovilizando. Al fin entraron, casi en bloque, en la Unión General de Trabajadores. Pero ya era tarde: el mercado estaba paralizado y la guerra civil comenzó pocos meses después.

Durante todo el año de 1938 un camión de la subsecretaría de Armamento hacía viajes diarios del pueblo a Madrid, trasladando la maquinaria aprovechable: el gobierno necesitaba una fábrica de vidrio en Madrid.

En Valdemorillo no quedaron más que las ruinas, los tres hornos de porcelana y la torre medieval que servía de depósito de agua.

Con la ayuda de los bancos, la empresa se instaló en una nueva planta en Villaverde con apeadero de ferrocarril propio. Estado actual de las instalaciones de la fábrica.

Diseminados por el término municipal de Valdemorillo pueden contemplarse interesante restos de la fábrica de cerámica.

Además de otros restos de arqueología industrial, como antiguas caleras y las chimeneas de ladrillo de una tejera, se conserva el torreón de mampostería en donde estaba instalada la bomba hidráulica de la fábrica de loza “Sociedad de Aulencia”.

Sin embargo, el ejemplo más representativo de esta conservación son las chimeneas, todas de cuerpo cilíndrico salvo una que es prismática y de planta cuadrada, cuyos extremos superiores constituyen la base de la chimenea, sobre la que se levanta un tronco de cono.

Su única decoración son unas sencillas impostas de ladrillo, situadas en la base del tronco de cono, en el tercio superior del elemento y en el cerco de remate que rodea la boca.

Las chimeneas, sometidas a una protección de segundo grado estructural de las Normas Subsidiarias de Planeamiento (1987), se encuentran perfectamente integradas en el pueblo, como elemento decorativo de la Casa de Cultura de Valdemorillo.


Valdemorillo Casa Cultura Giralt LaPorta.

 

Bibliografía


 

  • Anónimo, 1896. Fábrica de loza y porcelana de Valdemorillo. Revista Minera, Metalúrgica y de Ingenieria, 79.
  • Estadística Minera de España, 1884. Pág. 117.
  • Estadística Minera de España, 1890. Págs. 160-161.
  • Falcó Sancho,J. 1882. El triturador Vapan como máquina separadora de minerales. Revista Minera, Metalúrgica y de Ingenieria.
  • Giralt, M. 1995. Valdemorillo y su actividad cerámica. Cámara de Comercio e Industria de Madrid, 147 pp.
  • Jimenez de Gregorio, J. 1976. Notas geográfico-históricas de los pueblos de la actual provincia de Madrid en el siglo XVIII. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, 13, 129-152.
  • Madoz, P. 1845-1850. Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España. Tomo XIV. Est. Lit. Topográfico de P. Madoz y L. Sagasti, Madrid.
  • Prado, C. de 1864. DescripciónF’ísica y Geológica de la provincia de Madrid.Junta General de Estadística, Imprenta Nacional, 219 pp.
  • Quiroga, F. 1890. Una expedición a Valdemorillo. Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 247- 248.
  • Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería, 1883. Págs. 119, 206 Y270.
  • Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería, 1896. Fusión de fábricas de loza. 18-19.
  • Sierra,J. y Tuda, 1. 1996. Las lozas de Valdemorillo (1845-1915). Comunidad de Madrid, 277 pp

MUSEO DE CERÁMICA Y VÍDRIO

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